miércoles, 21 de mayo de 2014

Perder algo de oro en la playa

No entiendo a las personas que van a la playa como si fueran a una boda, con ropa y adornos de lo más inadecuado para estar en la arena y respecto a los accesorios como anillos de oro, colgantes, cadenitas, pendientes y demás parafernalia para adornar el cuerpo en oro, plata, o piedras preciosas que luego se pierden en la arena. En algunas playas incluso, hay detectoaficionados que provistos de un detector de metales y a cambio de una módica propina, te acompañan a la zona donde has estado, para intentar encontrar aquello que has perdido y que sea de metal.

Hace poco en Barcelona conocí a un grupo de personas que se buscan la vida recorriendo las playas en horario de tarde-noche provistos de detectores de metales, recogiendo todos aquellos objetos metálicos que los bañistas allí han dejado, principalmente chapas de latas de refresco o tapones de botellines de cerveza. Entre ellos circula la leyenda que hace tiempo un amigo de un primo de un conocido de un familiar de alguien que vivía cerca de la calle de uno de ellos, dicen que dijo que encontró una pepita de oro macizo y que llevoa vender a una de estas tiendas de comprar oro en Barcelona, y que con lo que obtuvo de su venta, se compró un coche nuevo y terminó de pagar la hipoteca.

Para mi que son leyendas urbanas, de esas historias mágicas y misteriosas que se cuentan sobre las playas y sobre el oro, pero que sin embargo han hecho que cada vez más personas que lancen a buscar oro en las playas, para satisfacción del gremio de vendedores de detectores de metales.

Mi recomendación es ir a la playa exactamente con lo preciso que vayas a necesitar: chanclas, toalla, bronceador y como mucho un bocata y un refresco. Aunque reconozco a mi pesar, que me agrada ver a una persona del otro sexo en la playa con la única vestimenta de unos pendientes de oro.

O un pearcing ombliguero, también de oro.

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